
La frustración se produce cuando las expectativas del individuo no coinciden con los hechos reales. Lo que frustra no es tanto la adversidad como el hecho de que los acontecimientos no se produzcan como uno esperaba. Cuando esto sucede, le resulta difícil aceptar que sus previsiones eran incorrectas y que había concebido expectativas infundadas. Hay que aprender que la vida funciona como una estrategia a largo plazo y que cada pequeña derrota personal que nos inflige no es más que una sabia preparación para ayudarnos a ganar la gran batalla final contra la ignorancia. Siempre ocurre lo que tiene que ocurrir, lo mejor; aunque, a veces, nuestra apreciación subjetiva nos haga ver un mal donde solamente hay un bien disfrazado. El dolor, la frustración, el desengaño no son castigos. Son cosas positivas. Son lecciones, si se saben considerar con la perspectiva adecuada y nos permita reconocer que cada traspiés, al fin y al cabo, le acerca más rápidamente a su objetivo. La frustración es una situación tan común en la casi todos los seres humanos, que es necesario aprender a manejarla, para evitar que un sentimiento como este sea el que maneje nuestras vidas.
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